Así se debe vivir el béisbol en el Marlins Park

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Foto: Alejandro Villegas

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Tal vez los habitantes de Miami se olvidaron de lo qué es el béisbol. Tal vez el Clásico Mundial servirá para recordarles lo sabroso de un ambiente de pelota competitivo. Tal vez lo que se vivió en el Marlins Park estos últimos días logrará abrirles los ojos a más de uno.

Creo que me quedaría corto diciendo que los juegos del Clásico en Miami fueron un éxito. Los aficionados de la República Dominicana marcaron la pauta de cómo se debe apreciar la pelota. Todo lo contrario a lo que está acostumbrado el Sur de Florida al presenciar a su equipo; los Marlins.

¿Pero qué debe ocurrir para que esta efímera atmosfera positiva con el béisbol se convierta en una costumbre en Miami?, en donde los latinos, quienes usualmente crean este tipo de ambiente en sus ligas natales, predominan, pero que sin embargo no se ha traducido en un fanatismo hacia el conjunto que defiende el territorio de la Pequeña Habana.

Siempre será difícil comparar el fanatismo que un latinoamericano pueda sentir hacia la selección de su país, o incluso por el club de su preferencia en dicha tierra. Pero la realidad es que tenemos a un club ligamayorista jugando en nuestro patio, que a pesar de todos los comentarios negativos que se pueda tener, cuenta con un parque de primer nivel y con dos banderines de Series Mundiales colgando en los postes.

Sí, los Marlins son un equipo relativamente joven (1993). Sin embargo ese factor no puede servir como excusa. Sin ir muy lejos, a tres millas de distancia juega el Miami Heat, fundado en 1988, que con un campeonato más, parecen haber enamorado de manera definitiva al aficionado de la ciudad.

Creo que hay que crear ese paralelismo entre ambas franquicias, sobre el cómo se debe hacer para conseguir esa meta, que al final beneficia a todos en la ciudad.

Cultura. Una palabra que parece intrínseca del Heat, pero que podría ser la respuesta a esta interrogante. El conjunto de baloncesto ha creado esta “cultura” ganadora y de trabajo duro, que ha hecho que el aficionado no tenga que fijarse en las victorias y derrotas para asistir a la arena o ver las transmisiones como parte de su rutina diaria.

Los Marlins no han sabido aprovechar esas dos Series Mundiales conseguidas, olvidadas por las polémicas transacciones realizadas por el actual propietario, Jeffrey Loria, quien podría estar entre las personas más rechazadas por los habitantes de la zona, y que ha hecho que su equipo esté entre lo más perdedores en los últimos años (tienen la segunda sequía más larga, por detrás de los Marineros de Seattle, sin alcanzar la postemporada). Una combinación nada positiva para las aspiraciones que tienen, o por lo menos que deberían tener.

Pero no es tarde para ellos. Con la inevitable venta del conjunto de pelota, los aficionados que se han separado por no estar de acuerdo con el manejo del equipo podrían volver a fijarse en los Marlins, significando lo que podría ser el primer paso para conseguir que, hoy un conjunto sin identidad, pueda conseguir una propia, y así atraer al público latino de Miami que espera ansioso que un equipo los represente. Al fin y al cabo, el deporte principal de los cubanos, dominicanos y venezolanos es ese, el béisbol.

Este Clásico Mundial jugado en Miami debe abrirles los ojos muchos; propietarios, gerentes, aficionados, y cualquiera que disfrute del verdadero béisbol, no ese en el cual se escucha eco al ser bateada una pelota por la falta de aficionados y ambiente deportivo. En el Sur de Florida el mercado está, sólo falta un conjunto que sepe aprovecharlo, para que así Miami pueda convertirse en una ciudad bandera del “pasatiempo nacional” de los Estados Unidos.

 

Comienza el Clásico de la incertidumbre

2009 World Baseball Classic - Game 3, Final Round, Japan v Korea

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

La idea de crear el Clásico Mundial de Béisbol, con la intención de formar un torneo similar al de la FIFA comenzó siendo muy buena, pero la ejecución no ha alcanzado las expectativas esperadas; y es por ello que la edición que arranca esta semana será vital para el futuro del mismo.

No se puede comparar la globalización de ambos deportes, sin embargo no fue tan rápido el proceso del desarrollo del torneo del balompié, que al final fue fundamental para que que las fronteras no fueran un obstáculo en la práctica de la disciplina. Con una buena organización esto mismo podría ser alcanzado con el béisbol, aunque tras tres ediciones realizadas, no está muy claro si este propósito ha tomado forma o por el contrario se ha desvanecido.

Lo primero que debe ocurrir para que este torneo termine de producir resultados importantes, es el enfoque de los propios organizadores (Major League Baseball) de incentivar a sus equipos para no poner limitaciones a los peloteros de poder representar a sus países, algo que le dará libertad al atleta de hacerlo.

Ese es otro problema; la falta de compromiso de varias estrellas de preferir quedarse con sus clubes en los Entrenamientos Primaverales, en vez de vestir los colores de su país. No tiene explicación que los Clayton Kershaw, Mike Trout, Bryce Harper, Kris Bryant, Anthony Rizzo, Chris Sale, Hanley Ramírez, Johnny Cueto, Masahiro Tanaka, Shohei Otani, Max Scherzer, Julio Urías, Marco Estrada, entre otras figuras, que están entre los máximos exponentes de sus respectivos países, no representarán a sus banderas, sin importar los motivos expuestos por cada uno de ellos.

Luce irreal el sólo hecho de visualizar a Lionel Messi, Cristiano Ronaldo o a Neymar rechazando la posibilidad de asistir al Mundial de Fútbol por jugar la pretemporada con el Real Madrid o Barcelona; y en caso de hacerlo, las críticas lloverían a lo largo de sus carreras.

Sin la ayuda de las estrellas y de los equipos, el futuro del Clásico luce nublado. No es un secreto que el éxito de la selección de Estados Unidos va a ir de la mano con el desenlace del torneo; lo cual generaría las ganancias necesarias para generar incentivos de seguir organizándolo. Mientras que por el otro lado lo peor que les podría pasar a los organizadores es otra final, como la del 2009, en las que se enfrentaron Japón y Corea.

Es muy temprano todavía –apenas será este el cuarto campeonato—para decretar como fracaso la idea, pero sí queda claro que esta edición será especialmente analizada con lupa. Y hasta ahora, sin haber comenzado siquiera en su totalidad, gracias las ausencias de los mejores jugadores y las negativas de otros equipos, no ha arrancado con buen pie.

Claro, para los fanáticos del deporte y del béisbol en especial, luce difícil ver las fallas que tiene el Clásico y de igual manera disfrutamos cada acción y juego que ocurra. Pero lo que va a diferenciar este torneo es el hecho de poder atraer a los que no son aficionados a la pelota.

Cuando se juega un Súper Bowl o la mencionada competencia internacional de fútbol, las familias, amigos, hombres, mujeres, niños, sin importar sean aficionados o no al deporte, se reúnen para presenciar estos eventos deportivos. Algo que aún luce muy lejos para este Clásico.

Repito lo que dije al comenzar esta columna, la idea es buena, sin embargo la ejecución y desarrollo de este torneo está causando que la meta de globalización del béisbol se haga cada vez más utópico. Está edición del Clásico Mundial, podría definir el futuro del mismo. Liguemos, los aficionados a este deporte, que se desarrolle con el mayor éxito posible.

 

La Marlins enfrentan una importante primavera

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Los Marlins de Miami se encuentran en el medio de la frontera, con un pie en la zona de los equipos mediocres y el otro en la de los competitivos. Quizás la diferencia esté en la planificación adecuada y en la organización de los roles que debe cumplir cada jugador.

Es por ello que estos entrenamientos primaverales pudieran ser vitales para las aspiraciones del equipo en el 2017.

Suena sencillo pero no lo es. Hay muchos factores que tendrá que  enfrentar el mánager Don Mattingly para mantener enfocados a sus jugadores. El factor de José Fernández no será uno que deba ser ignorado; seríamos muy ingenuos al pensar que los jugadores no tendrían problemas en superar el trágico evento en pocos meses. Tampoco debe ser pasado por alto la situación de la supuesta venta del equipo, con la que la franquicia queda encajonada en un limbo, por la oferta que tiene el actual dueño, Jeffrey Loria, de 1.6 billones de dólares o la de ser el embajador de Estados Unidos en Francia.

Y esos son sólo temas que no ocupan, en teoría, un papel importante dentro del terreno de juego, en donde también hay varios asuntos por resolver.

Miami no cuenta con un as definido en la rotación, pero que a pesar de ello, viéndola desde un punto de vista de balance; es una que podría encausar varias victorias de los peces, sirviendo como preámbulo al bullpen que está supuesto a ser el fuerte de los Marlins.

Edinson Vólquez, Wei-Yin Chen, Dan Straily, Tom Koehler, Jeff Locke, José Ureña, Adam Conley y Justin Nicolino son quienes estarán disputándose los cinco puestos que conforman una rotación de abridores, mientras que los que quedan por fuera se encargarán de fortalecer aún más un bullpen que ya cuenta con nombres importantes.

Sin embargo será Vólquez quien debe dar un paso adelante, y utilizar su experiencia en las Mayores –incluida la de Serie Mundial—para ser la cara de los serpentineros abridores, y guiar la labor de otros como Conley, Ureña y Nicolino; los más jóvenes. Sin excluir el hecho de que parte del futuro de Miami pasa por que Chen repita una actuación similar a la del 2015, olvidando lo decepcionante del año pasado.

En esta campaña Junichi Tazawa y Brad Ziegler se unen al sólido bullpen con el que ya contaban los Marlins, gracias a A.J. Ramos, Kyle Barraclough y David Phelps. En ese aspecto no deben tener problemas, y a pesar de no haber podido concretar las firmas de Aroldis Chapman o Kenley Jansen en la temporada muerta, Miami debe contar con uno de los mejores cuerpos de lanzadores relevistas de todas las Mayores.

Por el lado ofensivo, también existen muchas piezas que deben encajar para hacer de los Marlins un equipo importante en la Liga Nacional. Si bien Miami estuvo entre los peores equipos productores en las Grandes Ligas en el 2016, los promedios estuvieron bien, tal vez fueron cosas del béisbol, pero si esos mismos factores encajan y los bates consiguen ser oportunos, esos números deben subir para los de Mattingly. Claro está la salud de Giancarlo Stanton va a ser factor fundamental para aumentar la cantidad de carreras anotadas por los peces.

La defensa también debe ser un fuerte para los de la Pequeña Habana, quienes cuentan con dos recientes ganadores al Guante de Oro, como Christian Yelich y Dee Gordon, junto a la efectividad de Martín Prado y Adeiny Hechavarría.

Lo cierto es que los Marlins, en esta primavera deben, con inteligencia, ir colocando los bloques de manera estratégica para ir construyendo lo que pudiera ser un equipo por el que muchos hables en los próximos meses. Las piezas son buenas, pero todo queda en la manera en la que son utilizados para que el resultado sea óptimo.

La falla del poderío venezolano en el Clásico

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Parece haber una disposición distinta entre los peloteros venezolanos de cara al Clásico Mundial de Béisbol, a comenzar el próximo seis de marzo en una de las sedes en Seúl, en comparación a años anteriores; o por lo menos así parece con la parte ofensiva del conjunto vinotinto.

Miguel Cabrera, Carlos González, José Altuve, Ender Inciarte, Pablo Sandoval, entre otros, han estado entrenando en las instalaciones de FIU en Miami, con la meta de mejorar lo hecho en la última edición del torneo, cuando no lograron avanzar de la primera ronda, a pesar del talento con el que contaban en sus filas.

Pero el problema que veo en la plantilla de este año no son ellos, el corazón ofensivo luce bien, incluso como uno de los mejores del Clásico Mundial, el asunto complicado llega cuando se comienza a analizar el staff de lanzadores.

Lejos quedaron aquellos tiempos cuando la rotación la conformaban nombres como Johan Santana, Carlos Zambrano, Freddy García, Kelvim Escobar y el propio Félix Hernández (en su mejor momento), junto con uno de los mejores cerradores en las Mayores, Francisco Rodríguez, esperando su turno para ponerle punto final a los encuentros.

La realidad que vive el conjunto venezolano no podría ser más distinta. La rotación ve a un Hernández –tras su peor temporada en las Grandes Ligas—como el único con un nivel digno para pensar en un título mundial. Carlos Carrasco, quien pudo ser el segundo mejor abridor de su país, no asistirá al torneo por lesión, lo que deja al conjunto con  Eduardo Rodríguez, Martín Pérez, Jhoulys Chacín y Williams Pérez disputándose los siguientes puestos; nombres muy distintos a los mencionados anteriormente.

En un torneo tan corto como este el cuerpo de lanzadores es fundamental; una debilidad que contrasta, y que podría opacar al poder ofensivo de Cabrera, Altuve, Salvador Pérez, Rougned Odor, González y otros.

Vizquel, que hasta hace pocos días aún no contaba con la certeza de ser el mánager de Venezuela, desempolvando teorías políticas que al final fueron enterradas luego de que los propios peloteros implantaran su voz de un posible boicot si éste fuera suplantado, tendrá la misión de inspirar a sus jugadores para que rocen con la perfección desde la lomita, lo que será requerido para poder soñar con levantar un trofeo en Los Ángeles, en donde se disputará la final.

Para conseguir eso el primero que debe dar el ejemplo es “El Rey Félix”. En el 2016 con los Marineros de Seattle vio los peores registros en ponches y aperturas desde su año de novato en el 2005, aunque hay que destacar que tuvo que batallar diversas lesiones, pero además tuvo su más alta efectividad, 3.82, desde el 2007, sirviéndole para ganar sólo 11 compromisos. Algo que no ayudó fue su breve participación en la liga invernal de su país, en donde a pesar de estar en un nivel muy superior, en dos aperturas y cinco entradas permitió cuatro rayitas para una efectividad de 7.20.

El béisbol es muy impredecible para decir que Venezuela, con el gran poder ofensivo que tiene, no sea capaz de llevárselo todo. Tal vez los bates vinotinto podrán llenar el vacío dejado por el cuerpo monticular, pero no será fácil conseguirlo sin un Félix Hernández actuando como un Cy Young; esa es la clave para el conjunto venezolano.

Se presume que en las ediciones anteriores los integrantes del tricolor fallaron por la falta de interés y responsabilidad de salir bien parados, pero este año, al menos en ese aspecto, han mostrado una actitud distinta. Sin embargo, de allí a que terminen haciendo un buen papel en el próximo clásico existe un gran tramo por recorrer.

La imborrable huella del “Pudge” en Miami

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@RicardoEMontes

Sin Iván Rodríguez, en el Marlins Park hoy no estaría colgando un banderín de Serie Mundial. Sin su presencia el hito alcanzado por el equipo en el 2003 no hubiese sido posible.

A pocos días de ser exaltado al Salón de la Fama del béisbol, lo mínimo que merece el boricua es recordar ese memorable, y único año, en el que vistió la camiseta del conjunto que jugaba en el entonces “Pro Player Stadium”.

Lo del 2003 fue un milagro deportivo. El camino de un equipo que a comienzos de campaña se vio obligado a despedir a su mánager, pero que terminó alzando el trofeo de Serie Mundial, bajo la tutela de Jack McKeon, con la importante rotación conformada por Carl Pavano, Josh Beckett, Brad Penny, la eficacia del bate de Derek Lee y Mike Lowell, la letal combinación de los dos primeros bates; Juan Pierre y Luis Castillo, la impenetrable defensa de Álex González en las paradas cortas, y un par de novatos que darían luego de qué hablar, Miguel Cabrera y Dontrelle Willis. Pero todos tenían algo en común, al ser vigilados por un careta recién firmado, conocido por sus múltiples guantes de oro y Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1999 con los Rangers de Texas; Iván Rodríguez.

Al analizar ese roster en la actualidad es entendible cómo los Marlins lograron terminar campeones, pero no siempre fue así. Antes del comienzo del año, Florida (para entonces) se había arriesgado a invertir $10 millones en un receptor de 31 años que venía de padecer múltiples lesiones en las tres zafras anteriores, y por el que nadie se atrevía a apostar –Iván firmó el 31 de enero de ese mismo año.

La misión del careta puertorriqueño era simple; guiar a un staff de lanzadores jóvenes a la postemporada; algo que parecía complicado luego de tener registro de 79-82 en el 2002.

“El Pudge” lo consiguió. A pesar de comenzar lento, promediando .239 hasta el 10 de mayo, a partir de allí ligó para .323 con una de las actuaciones más memorables en la postemporada que se haya visto en años.

Los Marlins del 2003 estuvieron siempre caminando al borde del precipicio, por el cual nunca cayeron, motivo por el que fue un equipo tan entretenido de ver. Consiguieron avanzar como comodín luego de estar a 11 juegos y medio de él, con marca de 19-29 en un punto de la temporada, vencieron a un equipo de los Gigantes de San Francisco que había ganado 100 compromisos, remontaron una serie que muchos creían imposible ante los Cachorros de Chicago de Kerry Wood, Mark Prior y Sammy Sosa –tanto que cuando lo hicieron la lógica decidió culpar a la “Maldición de la Cabra”. Y luego ni los Yankees de Nueva York de Derek Jeter, Roger Clemens y Mariano Rivera, pudieron detener el envión con el que llegaron a la Serie Mundial los Marlins de Florida.

El momento más memorable, tal vez incluso de su carrera, llegó en un período de 24 horas en las que él mismo se encargó de eliminar a los Gigantes en la primera ronda de la postemporada.

En el tercer encuentro de la serie (al mejor de cinco y empatada a una victoria por lado) abajo 3-2 en el décimo inning, con las bases llenas y dos outs consiguió dar el hit para empujar las dos carreras necesarias para dejar a los de la bahía en el terreno y que su equipo tomara ventaja 2-1 en la serie. Al día siguiente la suerte también fue decidida por el boricua, anotando la carrera de la diferencia tras una colisión en el plato, similar a la que tuvo al próximo inning pero del lado contrario, con la careta puesta, y que significaría el último out de la serie.

En la serie ante los Cachorros impulsó 10 carreras, significando un record para el momento, alzándose como el JMV de dicho período que llegó al máximo de siete compromisos. Mientras que su capacidad de manejo de los lanzadores fue la que marcó la diferencia frente a los Yankees.

No encuentro otro ejemplo en que un jugador haya sido tan importante para una franquicia tras disputar un sola campaña con ellos. Pero eso fue lo que sucedió entre Rodríguez y los Marlins, un equipo que logró llevarse todos los méritos gracias al corazón que demostraron en el terreno; un corazón boricua.