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Dejen descansar a José

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Todavía recuerdo perfectamente la mañana en la que se dio a conocer el trágico evento que le quitó la vida a José Fernández. Me desperté, tomé mi teléfono celular y, como usualmente hago, revisó las redes sociales para enterarme de las noticias que ocurrieron a final de la noche anterior y la madrugada del presente día. Sin embargo, todavía no había nada referente al lanzador cubano, eran entre las 7 y 8am, hasta que vi un tweet de un periodista americano, refiriéndose a la lamentable noticia. Al comienzo lo tomé como un rumor, pero cuando comencé a indagar en el tema cada vez eran más los reportes confirmándola. José Fernández había muerto en un accidente en un bote.

Al principio, como la mayoría, no podría creer lo que leía o escuchaba. Recuerdo haber escrito la nota para el DIARIO LAS ÁMERICAS aún con lágrimas en los ojos e incredulidad, en un intento por describir cómo había sido la vida de un ser humano, que con tan solo 24 años de edad había influido tanto en un sociedad; no solo dentro, sino fuera del terreno de juego.

Mucho ha pasado desde ese domingo 25 de septiembre. Los Marlins comenzaron con buen pie la campaña sin su as en la loma, pero con su número 16 implantado sobre el corazón de todos los que visten el uniforme del equipo.

Jeffrey Loria, dueño de los Marlins (por ahora), ha indicado en múltiples ocasiones lo afectado que está por la muerte de alguien que consideraba un hijo. Desde el primer momento se supieron las intenciones de retirar el número del nacido en Santa Clara para que nadie más lo utilizara dentro del equipo. También se le homenajeó dándole su nombre a una calle del Sur de Florida.

Lo que hizo José es digno de recordar, ejemplificando al nombre de Miami a la perfección, incluso hasta demasiado; tanto en lo bueno como en lo malo.

Pero no podemos voltear a otro lado cuando salen a la luz pública los hechos negativos de este incidente. Como todos, José fue humano, pero también hay que reconocer que se equivocó a la hora de tomar ciertas decisiones, una en particular que no sólo le quitó la vida a él, sino a Jesús Macías y Eduardo Rivero, quienes lo acompañaban esa noche en el bote.

No hace falta repetir en detalle los resultados de las investigaciones, pero sí es un factor importante que el miembro de los Marlins iba manejando el vehículo bajo influencias de sustancias no naturales.

Loria dijo que se le construirá una estatua de 9-10 pies fuera del Marlins Park. ¿Por qué no de tamaño natural?, pues porque José era más grande que la propia vida, según el dueño de Miami.

Vamos a acortar el camino; no estoy de acuerdo con el monumento. Entiendo el legado de Fernández, pero también reconozco el punto de vista de las madres de las víctimas tanto de este caso, como las que también han sufrido por la mala toma de decisiones de algunos.

Pero si tomamos lo hecho en el terreno, tampoco es suficiente para homenajearlo con un monumento de este estilo. Por más bueno que haya sido en el montículo, José lanzó en total 76 juegos en las Mayores, en tres temporadas completas. No es suficiente.

Hagamos este ejercicio. De dicho accidente sólo cambiemos el hecho de que José falleció, y pudo sobrevivir al impacto. ¿Qué hubiese sucedido entonces? Probablemente estaría suspendido por una buena cantidad de tiempo por el comisionado de la MLB Rob Manfred, poniendo en riesgo su carrera, por no decir que tal vez estaría enfrentando cargos criminales, y luchando para no acabar tras las rejas. Si ese fuera el caso, ¿los que hoy apoyan ese monumento, estarían respaldando al cubano?

No está escrito un estándar para la realización de una estatua en el deporte, pero no creo que José Fernández haya estado al nivel de Roberto Clemente, Hank Aaron, Juan Marichal, Willie Mays o Ted Williams, por nombrar a algunos que tienen este tipo de homenajes.

Me parece que el hecho de haber puesto el nombre José Fernández nuevamente en una disputa como esta era absolutamente innecesario. Ha llegado el momento de dejar descansar cubano y que su legado en la comunidad hable por sí sola, sin necesidad de que una estatua la certifique.

Comienza el sueño de los Marlins

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Cortesía Instagram @Marlins

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Arranca una nueva temporada regular del deporte más impredecible del mundo, factor que resta importancia a cualquier cosa que intente predecir alguno que crea tener algún conocimiento por la pelota.

Pero aunque la predicción se ha vuelto un arte vacío en el béisbol, es necesario al menos analizar los elementos con los que cuenta un equipo previo al comienzo de la campaña regular.

Aquí, gústele a quien le guste, tenemos a los Marlins. Un equipo con una historia extraña, en la que abundan las derrotas, pero que en sus postes de luz cuelgan dos banderines de Serie Mundial (el porcentaje histórico es de .469, con record de 1793-2026).

La realidad es que los dirigidos por Don Mattingly comienzan el 2017 con la segunda racha más larga en las Mayores sin alcanzar la postemporada, detrás de los Marineros de Seattle, sin haberlo conseguido desde el 2003.

Los Marlins lucen como un equipo balanceado, pero que tal vez (en el béisbol siempre hay que cuidarse con expresiones como “tal vez”) su destino se vea bloqueado por ubicarse en una de las divisiones que pinta para estar entre las más competitivas.

Los Mets de Nueva York y Nacionales de Washington deben estar en el tope luchando por los primeros puestos, lo que deja a los de Miami compitiendo contra los Bravos de Atlanta y Filis de Filadelfia –quienes comienzan con unas plantillas mejoradas en comparación a años anteriores—y el resto de la liga por un potencial segundo comodín.

Ese es un claro ejemplo de una predicción arriesgada. Pero esa vendría siendo la palabra clave con la que los Marlins deben ser identificados; balance.

Tal vez no tengan a un as en su rotación de abridores, pero cuentan con cinco serpentineros de calidad. Su bullpen, que fácilmente podría convertirse en el fuerte del equipo, no cuenta con los nombres que tienen los Indios de Cleveland, por ejemplo, pero podría ser uno de los más consistentes en toda la gran carpa.

Mientras tanto a la ofensiva sí tienen a un ancla con el bate en Giancarlo Stanton, quien muchos aseguran tener el poder natural más imponente de las Mayores. Cuentan con sólidos exponentes en el plato con Christian Yelich y Martín Prado. Dee Gordon es, restándole su poca capacidad para negociar boletos, el primer bate perfecto. Marcell Ozuna y Justin Bour son un poco menos predecibles, pero podrían ayudar de manera importante a la causa de los peces.

Sin embargo, quien para mí es la clave para el bateo de los Marlins es, no Stanton, Gordon o Yelich, sino J.T. Realmuto, quien demostró en el 2016 ser un bate de calidad, y que si consigue seguir mejorando podría estar entre la élite de los receptores en la Liga Nacional. Además otro aspecto que le caracterizó en la temporada anterior fue el buen manejo de los lanzadores desde la receptoría. Realmuto sacó a un 35% de los jugadores que intentaron robarle alguna base; el promedio de la liga en el 2016 fue de 27%.

Ese es otro aspecto en el que deben valerse para conseguir victorias; la defensa. Cuentan con dos ganadores al Guante de Oro, Dee Gordon y Christian Yelich, a un potencial ganador en el cubano Adeiny Hechavarría, y dos sólidos en su posición como Ozuna y Prado.

Los Marlins deben tener como ejemplo al conjunto de los Medias Blancas del 2005, ese mismo que ganó la Serie Mundial, y que con un juego de “pelota pequeña y agresiva” lograron ese objetivo.  Es difícil, por no decir imposible o incluso iluso, predecir que este equipo puede lograr algo similar a ese de Chicago, pero al final de todo, el béisbol es el deporte más impredecible que se juega sobre la faz de la tierra. Como dicen por ahí; soñar es gratis.

Miami llora la partida de José Fernández

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

El cubano falleció este domingo en un accidente con un bote en Miami Beach

Con una sonrisa; así se recordará por siempre a José Fernández. Un pelotero auténtico, que disfrutaba lo que hacía y que valoraba cada segundo de su vida que pasó uniformado con la camiseta de los Marlins. Vida que terminó, en un abrir y cerrar de ojos, en la madrugada del sábado.

¿Cómo se hacer para describir la vida de José Fernández?

José Fernández es el retrato de los cubanos en Miami. El reflejo del llamado “sueño americano”, que a pesar de las mayores dificultades, había conseguido su sueño de lanzar en las Grandes Ligas.

“Lo logramos”, fueron las palabras de Fernández cuando subió a la loma por primera vez en su carrera con los Marlins de Miami. Refiriéndose a él, a su familia y a todos los cubanos que sueñan con lo que en ese momento estaba viviendo.

Esas palabras significan mucho. “Lo Logramos” no tiene el mismo significado que la mayoría de los peloteros que consiguen la meta de jugar en las Grandes Ligas. “Lo logramos” significa haber superado tres intentos fallidos de abandonar la isla, significa haberle salvado la vida a su madre en plenas aguas abiertas del océano, significa haber aprendido el inglés mientras otros niños se enfocaban sólo en jugar, significa haber podido traer, después de años, a su abuela para que lo viera jugar pelota, significa el lujo de poder vivir en libertad. Un aspecto que siempre estuvo consciente de tener.

“Tu naciste en libertad, por eso no entiendes lo que es”, dijo en múltiples ocasiones el talentoso serpentinero nacido en Santa Clara el 31 de julio de 1992, a sus compañeros de equipo, entrenadores o cualquier persona que le preguntara sobre su vida en Cuba.

Es por eso que siempre estaba sonriente mientras jugaba pelota. Para “Joseíto” el béisbol era un juego, nada más; un lujo que la vida le había regalado, que ni una cirugía Tommy John le podía quitar. Ese gusto e intensidad por el béisbol que disfrutaba cada segundo, era contagioso. Lanzara o no, siempre podía verse a Fernández disfrutando en el dogout de los Marlins.

Cómo sentir presión, malestar o frustración por el juego, cuando en algún momento de su vida lo único que podría esperar Fernández era estar vivo.

La vida es cruel e irónica en ocasiones.

La primeras tres veces que Fernández intentó salir de Cuba con destino a Miami—una ciudad que años después lo convertiría en su ídolo—terminó siendo devuelto por la guardia costera y ganándose incluso un período en prisión en Cuba, con 14 años de edad.

La cuarta fue la vencida, cambiando su destino a México, en un viaje que pudo haber terminado con la muerte de su madre, quien había caído al mar producto a la gran marea que azotó al bote que los llevaba, sin embargo Fernández no lo permitió, y saltó al mar en auxilio de su madre, consiguiendo salvarle la vida.

Lo lograron. Llegaron a salvo a tierras mexicanas, en donde tuvieron que enfrentar otros obstáculos para pasar la frontera. Pero lo hicieron, por fin consiguieron ingresar a los Estados Unidos.

Posteriormente se establecieron en Tampa, en donde comenzó a crecer el Fernández pelotero, con logros que posteriormente fueron dignos para ser escogido en el 14to puesto del Draft del 2011 por los Marlins.

Dos años después debutó con el equipo, teniendo una campaña merecedora para ganarse el Novato del Año de la Liga Nacional, con marca de 12-6 y 2.19 de efectividad. Se esperaba que lo mejor estuviera por venir para el serpentinero de para entonces 20 años de edad. Pero en el 2014 comenzaron otros percances, uno que para la mayoría de los lanzadores es una pesadilla.

Fernández necesitó realizarse la cirugía Tommy John en el 2014, tras apenas ocho encuentros. Sin embargo el cubano lo enfrentó como sólo él sabía, con una sonrisa. A pocas semanas de la cirugía, Fernández no dudo en subirse a la tarima en donde estaban cantando su coterráneos “Gente de Zona” en un concierto que estaban dando en el Marlins Park, aún con su brazo inmovilizado, demostrando una vez más, que la vida va mucho más allá del el béisbol.

Siguiendo la tendencia de su vida, tuvo la paciencia y perseverancia para volver en julio del 2015.

Días antes de su fallecimiento y después de maniatar a los Nacionales de Washington con tres imparables permitidos en ocho entradas en blanco –en lo que sería el último juego de su vida—Fernández dijo que simplemente estaba satisfecho por haberse mantenido saludable todo el año.

Y de pronto allí estaban Martín Prado, David Samson, Michael Hill y Don Mattingly compartiendo el podio, con el resto de la plantilla parada detrás de ellos, para hacer oficial la noticia con lágrimas en los ojos; José Fernández falleció, dejando el “qué hubiese pasado” implantado para siempre a su nombre.

José Fernández  ejemplificará por siempre el amor por la pelota; la razón por la que un niño juega béisbol y que él nunca perdió.

Descansa en paz José Fernández.

 

¿Qué pasa con los fanáticos de Miami?

 

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Si bien las matemáticas todavía reflejan la posibilidad de que los Marlins puedan alcanzar la postemporada, lo cierto es que para que eso ocurra, haría falta una intervención que roce con lo divino. No pudieron más; por más que lucharon en contra de la marea, finalmente los peces cedieron a las adversidades.

Las lesiones acabaron rápidamente –una racha de una victoria en 10 diez encuentros—con las aspiraciones de los de Miami, que se vieron apoyados en un par de juegos por unos fanáticos esperanzados en el Marlins Park, para luego tener un choque con la realidad, y volver a las viejas andancias; con una asistencia que va de la mano con el porcentaje de victoria del equipo en la segunda mitad (.423).

Sólo un milagro sería la causa de una clasificación los playoffs, una que se le ha hecho esquiva al equipo desde el 2003. El mánager de los Marlins, Don Mattingly, y el resto el cuerpo técnico ha puesto toda la carne en el asador; trayendo antes de tiempo a Giancarlo Stanton, Justin Bour y a Marcell Ozuna de sus respectivas lesiones, para un último puje por volver a la pelea contra unos inspirados Cardenales, Mets y Piratas, que se han separado de Miami por el segundo Comodín del viejo circuito.

A final de cuentas, y sí no ocurre una corrida histórica que le otorgue a los Marlins un boleto a la próxima ronda, la temporada del equipo terminará de la manera que muchos pronosticaron antes del arranque. Con todos los buenos momentos de los Peces en el año, el imparable 3.000 en la carrera de Ichiro Suzuki, el dominio desde la loma de José Fernández, los cuatro jugadores que asistieron al juego de estrellas (Marcell Ozuna, A.J. Ramos, José Fernández y Fernando Rodney), el renacer de Martín Prado, Ozuna y Christian Yelich. Junto a las no tan positivas, como el slump de Stanton, la suspensión de Dee Gordon y las múltiples lesiones; el resultado que se esperaba ocurrió, con la escuadra de Miami quedándose corta de los playoffs y luchando por mantenerse con un record de .500.

Sin embargo, tras lo visto este año en Miami, sí hay algo que debe preocupar.

Quizás ya es demasiado tarde para que el fanático de los Marlins vuelva a confiar en su equipo. Tal vez es muy pronto para olvidar esos canjes que partieron el corazón a más de un fanático de la pelota del sur de Florida. Puede que la gerencia haya llegado a una posición de no retorno ante una dolida afición.

A falta de 13 juegos en casa, 1.450.130 fanáticos han asistido al Marlins Park en el año, según Baseball Reference, para un promedio de 21.325 por encuentro. En la campaña pasada, cuando los Marlins fueron de los peores equipos de las Mayores, promediaron 21.633 aficionados por compromiso y totalizaron 1.752.235.

Parece que ni las victorias pueden sanar la herida de los aficionados.

Es inexplicable que en el 2016, cuando el equipo estuvo por la mayor parte del año en la lucha por un puesto hacia la postemporada, y jugando béisbol a un gran nivel, las gradas del estadio ubicado en la Pequeña Habana se mantuvieran vacías. Claro, ese no fue el caso en los encuentros que disputaron ante los Mets, Cachorros, y algunos otros conjuntos, cuyos fanáticos ocuparon gran parte del Marlins Park para aupar a sus equipos, dejando al equipo de casa, jugando pelota en un ambiente de visitante.

Tal vez un boleto a la postemporada cambie las cosas, o quizás una temporada de Jugador Más Valioso de Giancarlo Stanton, la adquisición de un jugador de renombre en la temporada muerta. O tal vez sea una inevitable venta del equipo lo que haga que los fanáticos de béisbol, que han sido complacidos con dos Series Mundiales, puedan volver a enamorarse del deporte en el sur de Florida.

Mientras tanto disfrutemos, mientras podamos, de lo que queda de temporada en Miami.

La resiliencia de los Marlins

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Marlins Instagram

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Mucho se ha hablado del trabajo que ha hecho Barry Bonds, en una nueva etapa en su carrera como coach de bateo de los Marlins, al revivir la de Marcell Ozuna y de acreditarse parte del éxito que han tenido jugadores como Martín Prado, Christian Yelich, Derek Dietrich, entre otros, haciendo que el conjunto de Miami sea visto como uno de los mejores equipos a la ofensiva de la Liga Nacional.

Juan Nieves, coach de los lanzadores de los peces, ha hecho un gran trabajo con un diezmado cuerpo de lanzadores, teniendo que adaptarse a la poca consistencia de sus pupilos. De la rotación del juego inaugural, sólo sobreviven José Fernández y Tom Koehler.

Doce son los lanzadores que los Marlins han utilizado para comenzar un juego este año, incluyendo nombres como Kendry Flores, Paul Clemens, Colin Rea, Jarred Cosart, Justin Nicolino, Wei-Yin Chen, Adam Conley, entre otros, de los cuales unos están lesionados y otros ni siquiera se encuentran ya con el equipo.

En la actual rotación, además de Fernández y Koehler, están José Ureña, el recién adquirido Andrew Cashner y David Phelps, quien esperó su turno desde el bullpen, hasta que la recibió el 5 de agosto, cuando hizo su primera apertura de la temporada.

Hablando de Phelps, éste puede ser considerado de los mejores y más dinámicos lanzadores de los Marlins en el año. Comenzó la campaña como relevista, en el puesto de preparador de A.J. Ramos, en la octava entrada. Cuando llegó Fernando Rodney a ocupar su puesto, Phelps se movió más a un rol de relevista largo, pero ante su buena actuación y las lesiones de los abridores, eventualmente fue designado con el rol de abridor.

En sus primeras cuatro salidas, Phelps ha destacado como lo hizo en sus tiempos de prospecto, con una efectividad de 1.31, con tres carreras limpias permitidas, 26 ponches y siete boletos en 20.2 entradas de labor.

A pesar de todos los inconvenientes que han tenido los Marlins en el año, ahí están, peleando por un puesto en la clasificación. Es difícil imaginarse un escenario más adverso que el que han tenido este año; con Dee Gordon –campeón bate, líder en bases robadas, bate de plata y guante del oro de la Liga Nacional en el 2015—suspendido por más de 80 juegos, histórico slump y eventual lesión de Giancarlo Stanton, y el ingreso a la lista de incapacitados de Ramos, Conley, Chen y Justin Bour.

Juan Nieves se lleva una buena parte de los méritos de lo hecho por el equipo.

Los Marlins han recibido lo que esperaban cuando trajeron al puertorriqueño de 51 años, luego de ser parte fundamental del equipo de los Medias Rojas de Boston, en donde estuvo entre el 2013 y 2015, que ganó la Serie Mundial en el ´13.

Tras una efímera carrera de tres años con los Cerveceros de Milwaukee, el otrora lanzador se ha convertido en un guía de lujo para los serpentineros de los peces.

A pesar de lo mucho que se critica –y con bases válidas—lo hecho a través de los años por la gerencia de los Marlins, encabezada por su dueño Jeffrey Loria, no es casualidad, aunque así lo parezca, el éxito que ha tenido este año el equipo que juega en la Pequeña Habana.

Los Marlins blindaron al staff del equipo. Primero con la firma de Don Mattingly como mánager, quien llegaba de un conjunto de los Dodgers que clasificó en tres de las cinco campañas en las que estuvo al mando. Llegó Barry Bonds, quien fue una apuesta que ha salido positiva, entendiendo que es la primera vez que cumple funciones de coach, en este caso de bateo. Y culminando con Nieves, que se ha encargado de una manera magistral, de los lanzadores.

Si hay algo que han demostrado este año los Marlins, sin importar cómo termine todo, es la resiliencia que tiene el equipo.