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Miami, El mercado olvidado por el béisbol

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Por: Ricardo Montes de Oca

La reconstrucción de los Marlins era necesaria. Cualquiera que haya leído esta columna sabrá que he estado visualizando esta movida desde que comenzó la campaña del 2017, eso no lo discuto. Pero esto no fue lo que pedí.

Siempre aposté por una reconstrucción inteligente, una en la que se aprovecharan las estrellas que se tenían para adquirir a los mejores prospectos disponibles. No ha sido así. Si bien nunca estuve de acuerdo con que se cambiara a Giancarlo Stanton, sí puedo entender la intención.

Ahora, cuando reviso lo recibido en los canjes por un Jugador Más Valioso y finalista a un Guante de Oro, por un campeón bate y ganador de ese guante dorado, y a otro con credenciales de MVP, que también conserva en su haber el mismo premio por su defensa, no logro comprender. Uno de los objetivos era reforzar una granja de prospectos desolada, pero entonces Derek Jeter se conforma con unos muchachos, que si bien nadie sabe dónde terminarán, no se encuentra ninguno entre los primeros 100 mejores en las Mayores.

Desde que comencé a explicar la necesidad de una reconstrucción puse como ejemplo el caso de los Medias Blancas de Chicago, que aunque todavía no ha rendido sus frutos, se puede considerar como un modelo a seguir.

El año pasado canjearon a Chris Sale por el prospecto número uno en las Mayores para el momento (Yoan Moncada) y el número 38 (Michael Kopech). Mientras que por ¡Adam Eaton! recibieron a la tercera mejor promesa (Lucas Giolito) y al número 38 (Reynaldo López).

¡Esas sí son las piezas de una reconstrucción!

¿Son Sale y Eaton más valiosos que Stanton, Dee Gordon y Marcell Ozuna juntos? Según lo recibido a cambio, sí. Y eso sin contar a Eloy Jiménez, quinto mejor prospecto en la actualidad, que adquirieron los del sur de Chicago en un trueque por José Quintana.

Sin embargo, nada les garantiza que les vaya a funcionar esta gran cantidad de prospectos, eso es lo bonito del béisbol; nada, no hay nada garantizado. Pero sí hicieron lo posible para conseguir el éxito; algo que ha sido diferente en Miami. Jeter no recibió los prospectos de la talla de los jugadores otorgados.

Y entonces, cómo defendemos a Jeter, cuando dice que su objetivo es acortar la nómina, pero a la vez se impone él mismo un sueldo de 5 millones por año (con lo que recuperará su inversión de 25 para comprar el equipo en cinco años), y se preocupa más en los contratos de las estrellas que en lo que recibe a cambio.

Los pasos siguientes en una reconstrucción es el proceso de firmas internacionales (Luis Robert con los Medias Blancas) y en la contratación de un jugador de calibre cuando el núcleo de prospectos está cerca de explotar, ejemplos: Jon Lester con los Cachorros, Max Scherzer con los Nacionales e incluso ahora Stanton con los Yankees.

Pues, qué nos hace pensar que en el 2020, cuando estos prospectos de los Marlins están supuestos a desarrollarse, se va a hacer una inversión de este calibre, si ese es el año en el que se debe renovar el famoso contrato de televisión, que tantas excusas ha producido en los últimos meses, por el poco valor del acuerdo anterior.

Stanton le recomendó a los aficionados de Miami que tuvieran paciencia y vieran al equipo dirigido por Don Mattingly de lejos. Tal vez ese sea el mejor consejo.

Al final de todo, mientras el mundo del béisbol celebra que los dos conjuntos con más campeonatos en la historia se reforzaron con Stanton y Ozuna, el mercado ubicado en el Sur de Florida, nuevamente, es dejado al olvido.

El inevitable cambio de guardia en el campocorto de los Marlins

riddle.jpgRicardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Creo que todos estamos de acuerdo en decir que la posición de campocorto es una de las más importantes para un equipo de béisbol. Junto al puesto de receptor, se podría decir que son las únicas en la que un jugador pudiera tener una larga carrera en las Mayores con una ofensiva mediocre, siempre que cumpla las exigencias a la defensiva que requieren estos puestos en el campo.

Ya van varias temporadas en que los Marlins pueden alardear de contar con uno de los mejores campocortos en la Liga Nacional, con el cubano Adeiny Hechavarría demostrando noche tras noche lo seguro de su guante. Pero parece que estamos en presencia de un cambio de guardia en las paradas cortas para los peces.

Sin duda que las lesiones no han ayudado en lo absoluto al nacido en Santiago de Cuba. Hasta el viernes, Hechavarría sólo había disputado 20 de los 51 de su equipo. Alguien debe cubrir esa importante posición en el terreno.

A comienzos de temporada el equipo subió de las menores a J.T. Riddle, un joven campocorto de 25 años, para una corta pasantía de ocho juegos, en los que no hubo mucho brillo, salvo por un jonrón que sirvió para dejar en el terreno a los Mets de Nueva York el 16 de abril. A los dos días fue bajado, tras tener .143 de promedio con dos hits en 14 turnos al bate.

Luego de que Hechavarría volviera a lastimarse, el equipo decidió darle una nueva oportunidad al oriundo de Kentucky.

A partir de allí el novato promedia .275 de bateo con tres jonrones y 16 impulsadas en 28 juegos desde entonces, mientras que tiene .322 en los últimos 16 encuentros en los que ha salido como titular del campocorto. Aquí estaríamos viendo lo contrario a lo mencionado al comienzo, pues este año Riddle ya ha cometido cuatro pecados a la defensiva, cosa que se ha visto opacado por el gran bateo que ha demostrado. Todo lo contrario a Adeiny.

La peor temporada de Hechavarría a la defensa fue en el 2013 con 15 errores, una cifra que a este ritmo, si Riddle mantiene la titularidad, pareciera superar sin problemas.  El problema para el cubano es con el bate, con el que promedia .255 en su carrera de seis temporadas, tampoco ha sido conocido por dar cuadrangulares, impulsar carreras o robar bases.

El Fuerte de Hechavarría es la defensa, el de Riddle, hasta ahora, es el madero; pero la diferencia es que la juventud acompaña al norteamericano, por lo que se mantiene la esperanza de que pueda mejorar con el guante. Con el cubano la idea de una mejoría a la ofensiva luce improbable.

La incierta realidad de los Marlins de Miami

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

La situación actual de los Marlins de Miami es para preocuparse. El buen comienzo de temporada que tuvieron no luce más que un espejismo en la lejanía de un terreno que produjo una efímera, y tal vez ficticia, esperanza de que el equipo pudiera tener un año competitivo.

Aún es temprano. No sería la primera vez que un conjunto de pelota le diera la vuelta a su temporada a poco más de un mes de comenzada. Un ejemplo cercano es el de los mismo Marlins del 2003, cuando despidieron a su mánager luego de 38 encuentros, en los que acumularon marca de 16-22. Luego llegaron a estar 10 por debajo de .500, pero el equipo que jugaba para entonces en Miami Gardens se las ingenió para ganar ese año su segunda Serie Mundial.

Pero esa historia se está convirtiendo en una leyenda, en la que los Marlins parecen mirar cada año, tras un comienzo decepcionante, con la esperanza de repetir algo similar. No ha sido así. Olviden la Serie Mundial, los Marlins ni siquiera han podido clasificar desde entonces.

Esta campaña no ha sido la excepción, al estar sumergidos en una situación que no pareciera tener salida. A diferencia de ese conjunto del 2003, la rotación no cuenta con nombres como los de Josh Beckett, Carl Pavano, Brad Penny y Dontrelle Willis, sin mencionar los Miguel Cabrera, Derek Lee, Iván Rodríguez y Mike Lowell que controlaban la ofensiva.

La situación de los lanzadores es grave. Antes de comenzar la zafra se esperaba que la rotación fuera un problema, y es por ello que se decidió reforzar el bullpen para que balanceara un poco el cuerpo de serpentineros. Pero hasta ahora no hay quien pueda frenar a la ofensiva rival de manera constante.

El bateo no ha estado del todo mal. Pero la cosa preocupa cuando ves que Marcell Ozuna y Giancarlo Stanton, corazón ofensivo del equipo, están dando los cuadrangulares que esperabas, pero no se están traduciendo en victorias.

Sin embargo, cuando intentas buscar respuestas sobre cómo pudiera rescatarse esta temporada, se escucha un vacío abismal que recorre un Marlins Park acostumbrado más al eco que a celebraciones.

Realizar un cambio por un abridor competente luce imposible por la escasez de prospectos que tiene el equipo en las menores, misma razón por la cual no vendrá ningún novato a salvar el año por los Marlins: no hay algún Cabrera, José Fernández o Bryce Harper esperando su turno. Braxton Garrett es el único Marlin que aparece entre la lista de los 100 mejores prospectos en las Mayores (37), y sólo ha tenido una presentación como profesional en su carrera.

La respuesta pareciera ser sencilla, comenzar una nueva reconstrucción al estilo de los Cachorros, cuando cambiaron a sus estrellas, con las que sabían no iban alcanzar grandes cosas, como Alfonso Soriano, Carlos Zambrano o Aramis Ramírez –todos fuera de la liga—para nutrir sus granjas y armar lo que hoy tienen.

Pero hasta que yo sepa Theo Epstein no está en Miami, y esa reconstrucción dependería, hasta ahora, de la misma gerencia que en el 2012 prefirió a Justin Nicolino por encima de Noah Syndergaard, en esa última vez que desmantelaron al equipo.

Pero todo indica que este grupo no estará al frente del equipo por mucho tiempo, lo que cambia el panorama un poco. Ya Jeffrey Loria, propietario de los Marlins, ha dejado claro que no le interesa el futuro de la franquicia, con los contratos que ha negociado y dejando al equipo sin prospectos gracias a cambios innecesarios; como el de Andrew Cashner del año pasado, por nombrar sólo uno.

No se sorprendan si el primer movimiento de Derek Jeter y Jeb Bush, si finalmente son ellos los nuevos dueños del equipo, no sea invertir dinero en la nómina del equipo, sino hacer borrón y cuenta nueva con la franquicia, con la intención de construir desde cero, pero con bases sólidas, un nuevo equipo de los Marlins de Miami.

Además, ¿quién no quiere ver a Jeter como pilar fundamental en la construcción de un equipo competitivo?

Se despeja el panorama para los aficionados de Miami

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

No habían redes sociales para entonces. La mejor manera de conocer una noticia era revisando una página web, dándole incansablemente a la tecla “F5” para actualizarla una y otra vez hasta ver lo que estabas esperando. Cuando ocurrió el cambio de Miguel Cabrera y Dontrelle Willis –mi jugador favorito para entonces—ocurrió así, sólo que en esta ocasión no esperaba la confirmación de un hecho, sino la esperanza de un error que negara lo anunciado.

A diferencia de las personas con quienes me juntaba en ese momento, que aupaban a los Yankees, Medias Rojas, Gigantes o Dodgers, yo comencé siendo aficionado de los Marlins, y aunque ese sentimiento se ha diluido producto a mi profesión, aún recuerdo esos momentos en los que sufrí las decepciones producto al manejo del equipo, desde el punto de vista de un aficionado.

Hoy, después de varios capítulos de esos momentos; transacciones, despidos, tomas de decisiones, polémica con el nuevo estadio, finalmente se da a conocer que es inminente un cambio de manos de la franquicia que ahora juega en la Pequeña Habana.

Como fanático nunca entendí los movimientos que hizo, pero ahora como periodista, los comprendo aún menos.

Loria llegó a Miami con un equipo armado por Dave Dombrowski, al cual sólo tuvo que añadirle a Iván Rodríguez –en lo que probablemente haya sido su mejor contratación—para que los Marlins terminaran alzando su segundo trofeo de Serie Mundial.

Todo comenzó bien, pero rápidamente se desboronó. Con todavía el olor a champagne en las calles de Miami, Carl Pavano, Derek Lee y “El Pudge” Rodriguez –pilares del campeonato– ya estaban siendo presentados con otros conjuntos. Un par de años después llegó otra “limpieza”, y canjearon a Luis Castillo, Juan Pierre, A.J. Burnett, Josh Becket y a Mike Lowell. Al menos se quedaron con los dos jóvenes promesas, ¿no?

Eso tampoco duró mucho. El cuatro de diciembre del 2007 fue anunciado que Miguel Cabrera y Dontrelle Willis irían a los Tigres de Detroit a cambio de prospectos. A pesar de la decepción, todavía pensamos que Andrew Miller y Cameron Maybin –dos de los novatos promesas que fueron a los Marlins—podrían traer algo positivo al equipo. El resultado de ambos, al menos en Miami, fue decepcionante.

Loria será recordado como el protagonista de un cambio que podría compararse con el de Babe Ruth cuando pasó de los Medias Rojas a los Yankees, al dejar a ir a uno de los mejores bateadores del béisbol moderno, en Miguel Cabrera, cambio de prácticamente nada.

En fin, después de eso vinieron los Joe Girardi, José Reyes, Heath Bell, Hanley Ramírez, Oswaldo Guillén; uno tras otro.

Pero esa era está llegando a su fin. Y, si todo sale como lo previsto, los aficionados de los Marlins podrán descansar de tanta decepción cuando nada más y nada menos sea Derek Jeter, junto al exgobernador de Florida Jeb Bush y un grupo de empresarios, tome el mando del equipo de Miami.

El escenario no pudo ser mejor. Si hay alguien que sabe cómo ganar en el béisbol es Jeter, y en teoría debería poner a los Marlins en la órbita de los equipos a considerar para levantar el trofeo a final de campaña.

Un par de consejos a los aficionados de los Marlins, como uno que fui. No se desesperen, que el proceso de venta de un equipo que vale $1.300 millones no es tan fácil y rápido como escribir un cheque. Y una vez se finalice el acuerdo para que el grupo de Jeter esté al mando, no esperen grandes cosas en un comienzo, los cambios tardan un poco en engranar; sino recuerden que hasta Loria ganó un campeonato recién llegado.

 

Dejen descansar a José

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Todavía recuerdo perfectamente la mañana en la que se dio a conocer el trágico evento que le quitó la vida a José Fernández. Me desperté, tomé mi teléfono celular y, como usualmente hago, revisó las redes sociales para enterarme de las noticias que ocurrieron a final de la noche anterior y la madrugada del presente día. Sin embargo, todavía no había nada referente al lanzador cubano, eran entre las 7 y 8am, hasta que vi un tweet de un periodista americano, refiriéndose a la lamentable noticia. Al comienzo lo tomé como un rumor, pero cuando comencé a indagar en el tema cada vez eran más los reportes confirmándola. José Fernández había muerto en un accidente en un bote.

Al principio, como la mayoría, no podría creer lo que leía o escuchaba. Recuerdo haber escrito la nota para el DIARIO LAS ÁMERICAS aún con lágrimas en los ojos e incredulidad, en un intento por describir cómo había sido la vida de un ser humano, que con tan solo 24 años de edad había influido tanto en un sociedad; no solo dentro, sino fuera del terreno de juego.

Mucho ha pasado desde ese domingo 25 de septiembre. Los Marlins comenzaron con buen pie la campaña sin su as en la loma, pero con su número 16 implantado sobre el corazón de todos los que visten el uniforme del equipo.

Jeffrey Loria, dueño de los Marlins (por ahora), ha indicado en múltiples ocasiones lo afectado que está por la muerte de alguien que consideraba un hijo. Desde el primer momento se supieron las intenciones de retirar el número del nacido en Santa Clara para que nadie más lo utilizara dentro del equipo. También se le homenajeó dándole su nombre a una calle del Sur de Florida.

Lo que hizo José es digno de recordar, ejemplificando al nombre de Miami a la perfección, incluso hasta demasiado; tanto en lo bueno como en lo malo.

Pero no podemos voltear a otro lado cuando salen a la luz pública los hechos negativos de este incidente. Como todos, José fue humano, pero también hay que reconocer que se equivocó a la hora de tomar ciertas decisiones, una en particular que no sólo le quitó la vida a él, sino a Jesús Macías y Eduardo Rivero, quienes lo acompañaban esa noche en el bote.

No hace falta repetir en detalle los resultados de las investigaciones, pero sí es un factor importante que el miembro de los Marlins iba manejando el vehículo bajo influencias de sustancias no naturales.

Loria dijo que se le construirá una estatua de 9-10 pies fuera del Marlins Park. ¿Por qué no de tamaño natural?, pues porque José era más grande que la propia vida, según el dueño de Miami.

Vamos a acortar el camino; no estoy de acuerdo con el monumento. Entiendo el legado de Fernández, pero también reconozco el punto de vista de las madres de las víctimas tanto de este caso, como las que también han sufrido por la mala toma de decisiones de algunos.

Pero si tomamos lo hecho en el terreno, tampoco es suficiente para homenajearlo con un monumento de este estilo. Por más bueno que haya sido en el montículo, José lanzó en total 76 juegos en las Mayores, en tres temporadas completas. No es suficiente.

Hagamos este ejercicio. De dicho accidente sólo cambiemos el hecho de que José falleció, y pudo sobrevivir al impacto. ¿Qué hubiese sucedido entonces? Probablemente estaría suspendido por una buena cantidad de tiempo por el comisionado de la MLB Rob Manfred, poniendo en riesgo su carrera, por no decir que tal vez estaría enfrentando cargos criminales, y luchando para no acabar tras las rejas. Si ese fuera el caso, ¿los que hoy apoyan ese monumento, estarían respaldando al cubano?

No está escrito un estándar para la realización de una estatua en el deporte, pero no creo que José Fernández haya estado al nivel de Roberto Clemente, Hank Aaron, Juan Marichal, Willie Mays o Ted Williams, por nombrar a algunos que tienen este tipo de homenajes.

Me parece que el hecho de haber puesto el nombre José Fernández nuevamente en una disputa como esta era absolutamente innecesario. Ha llegado el momento de dejar descansar cubano y que su legado en la comunidad hable por sí sola, sin necesidad de que una estatua la certifique.