mayo 2017

La incierta realidad de los Marlins de Miami

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Marlins Instagram

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

La situación actual de los Marlins de Miami es para preocuparse. El buen comienzo de temporada que tuvieron no luce más que un espejismo en la lejanía de un terreno que produjo una efímera, y tal vez ficticia, esperanza de que el equipo pudiera tener un año competitivo.

Aún es temprano. No sería la primera vez que un conjunto de pelota le diera la vuelta a su temporada a poco más de un mes de comenzada. Un ejemplo cercano es el de los mismo Marlins del 2003, cuando despidieron a su mánager luego de 38 encuentros, en los que acumularon marca de 16-22. Luego llegaron a estar 10 por debajo de .500, pero el equipo que jugaba para entonces en Miami Gardens se las ingenió para ganar ese año su segunda Serie Mundial.

Pero esa historia se está convirtiendo en una leyenda, en la que los Marlins parecen mirar cada año, tras un comienzo decepcionante, con la esperanza de repetir algo similar. No ha sido así. Olviden la Serie Mundial, los Marlins ni siquiera han podido clasificar desde entonces.

Esta campaña no ha sido la excepción, al estar sumergidos en una situación que no pareciera tener salida. A diferencia de ese conjunto del 2003, la rotación no cuenta con nombres como los de Josh Beckett, Carl Pavano, Brad Penny y Dontrelle Willis, sin mencionar los Miguel Cabrera, Derek Lee, Iván Rodríguez y Mike Lowell que controlaban la ofensiva.

La situación de los lanzadores es grave. Antes de comenzar la zafra se esperaba que la rotación fuera un problema, y es por ello que se decidió reforzar el bullpen para que balanceara un poco el cuerpo de serpentineros. Pero hasta ahora no hay quien pueda frenar a la ofensiva rival de manera constante.

El bateo no ha estado del todo mal. Pero la cosa preocupa cuando ves que Marcell Ozuna y Giancarlo Stanton, corazón ofensivo del equipo, están dando los cuadrangulares que esperabas, pero no se están traduciendo en victorias.

Sin embargo, cuando intentas buscar respuestas sobre cómo pudiera rescatarse esta temporada, se escucha un vacío abismal que recorre un Marlins Park acostumbrado más al eco que a celebraciones.

Realizar un cambio por un abridor competente luce imposible por la escasez de prospectos que tiene el equipo en las menores, misma razón por la cual no vendrá ningún novato a salvar el año por los Marlins: no hay algún Cabrera, José Fernández o Bryce Harper esperando su turno. Braxton Garrett es el único Marlin que aparece entre la lista de los 100 mejores prospectos en las Mayores (37), y sólo ha tenido una presentación como profesional en su carrera.

La respuesta pareciera ser sencilla, comenzar una nueva reconstrucción al estilo de los Cachorros, cuando cambiaron a sus estrellas, con las que sabían no iban alcanzar grandes cosas, como Alfonso Soriano, Carlos Zambrano o Aramis Ramírez –todos fuera de la liga—para nutrir sus granjas y armar lo que hoy tienen.

Pero hasta que yo sepa Theo Epstein no está en Miami, y esa reconstrucción dependería, hasta ahora, de la misma gerencia que en el 2012 prefirió a Justin Nicolino por encima de Noah Syndergaard, en esa última vez que desmantelaron al equipo.

Pero todo indica que este grupo no estará al frente del equipo por mucho tiempo, lo que cambia el panorama un poco. Ya Jeffrey Loria, propietario de los Marlins, ha dejado claro que no le interesa el futuro de la franquicia, con los contratos que ha negociado y dejando al equipo sin prospectos gracias a cambios innecesarios; como el de Andrew Cashner del año pasado, por nombrar sólo uno.

No se sorprendan si el primer movimiento de Derek Jeter y Jeb Bush, si finalmente son ellos los nuevos dueños del equipo, no sea invertir dinero en la nómina del equipo, sino hacer borrón y cuenta nueva con la franquicia, con la intención de construir desde cero, pero con bases sólidas, un nuevo equipo de los Marlins de Miami.

Además, ¿quién no quiere ver a Jeter como pilar fundamental en la construcción de un equipo competitivo?

Se despeja el panorama para los aficionados de Miami

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

No habían redes sociales para entonces. La mejor manera de conocer una noticia era revisando una página web, dándole incansablemente a la tecla “F5” para actualizarla una y otra vez hasta ver lo que estabas esperando. Cuando ocurrió el cambio de Miguel Cabrera y Dontrelle Willis –mi jugador favorito para entonces—ocurrió así, sólo que en esta ocasión no esperaba la confirmación de un hecho, sino la esperanza de un error que negara lo anunciado.

A diferencia de las personas con quienes me juntaba en ese momento, que aupaban a los Yankees, Medias Rojas, Gigantes o Dodgers, yo comencé siendo aficionado de los Marlins, y aunque ese sentimiento se ha diluido producto a mi profesión, aún recuerdo esos momentos en los que sufrí las decepciones producto al manejo del equipo, desde el punto de vista de un aficionado.

Hoy, después de varios capítulos de esos momentos; transacciones, despidos, tomas de decisiones, polémica con el nuevo estadio, finalmente se da a conocer que es inminente un cambio de manos de la franquicia que ahora juega en la Pequeña Habana.

Como fanático nunca entendí los movimientos que hizo, pero ahora como periodista, los comprendo aún menos.

Loria llegó a Miami con un equipo armado por Dave Dombrowski, al cual sólo tuvo que añadirle a Iván Rodríguez –en lo que probablemente haya sido su mejor contratación—para que los Marlins terminaran alzando su segundo trofeo de Serie Mundial.

Todo comenzó bien, pero rápidamente se desboronó. Con todavía el olor a champagne en las calles de Miami, Carl Pavano, Derek Lee y “El Pudge” Rodriguez –pilares del campeonato– ya estaban siendo presentados con otros conjuntos. Un par de años después llegó otra “limpieza”, y canjearon a Luis Castillo, Juan Pierre, A.J. Burnett, Josh Becket y a Mike Lowell. Al menos se quedaron con los dos jóvenes promesas, ¿no?

Eso tampoco duró mucho. El cuatro de diciembre del 2007 fue anunciado que Miguel Cabrera y Dontrelle Willis irían a los Tigres de Detroit a cambio de prospectos. A pesar de la decepción, todavía pensamos que Andrew Miller y Cameron Maybin –dos de los novatos promesas que fueron a los Marlins—podrían traer algo positivo al equipo. El resultado de ambos, al menos en Miami, fue decepcionante.

Loria será recordado como el protagonista de un cambio que podría compararse con el de Babe Ruth cuando pasó de los Medias Rojas a los Yankees, al dejar a ir a uno de los mejores bateadores del béisbol moderno, en Miguel Cabrera, cambio de prácticamente nada.

En fin, después de eso vinieron los Joe Girardi, José Reyes, Heath Bell, Hanley Ramírez, Oswaldo Guillén; uno tras otro.

Pero esa era está llegando a su fin. Y, si todo sale como lo previsto, los aficionados de los Marlins podrán descansar de tanta decepción cuando nada más y nada menos sea Derek Jeter, junto al exgobernador de Florida Jeb Bush y un grupo de empresarios, tome el mando del equipo de Miami.

El escenario no pudo ser mejor. Si hay alguien que sabe cómo ganar en el béisbol es Jeter, y en teoría debería poner a los Marlins en la órbita de los equipos a considerar para levantar el trofeo a final de campaña.

Un par de consejos a los aficionados de los Marlins, como uno que fui. No se desesperen, que el proceso de venta de un equipo que vale $1.300 millones no es tan fácil y rápido como escribir un cheque. Y una vez se finalice el acuerdo para que el grupo de Jeter esté al mando, no esperen grandes cosas en un comienzo, los cambios tardan un poco en engranar; sino recuerden que hasta Loria ganó un campeonato recién llegado.