abril 2017

Dejen descansar a José

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Todavía recuerdo perfectamente la mañana en la que se dio a conocer el trágico evento que le quitó la vida a José Fernández. Me desperté, tomé mi teléfono celular y, como usualmente hago, revisó las redes sociales para enterarme de las noticias que ocurrieron a final de la noche anterior y la madrugada del presente día. Sin embargo, todavía no había nada referente al lanzador cubano, eran entre las 7 y 8am, hasta que vi un tweet de un periodista americano, refiriéndose a la lamentable noticia. Al comienzo lo tomé como un rumor, pero cuando comencé a indagar en el tema cada vez eran más los reportes confirmándola. José Fernández había muerto en un accidente en un bote.

Al principio, como la mayoría, no podría creer lo que leía o escuchaba. Recuerdo haber escrito la nota para el DIARIO LAS ÁMERICAS aún con lágrimas en los ojos e incredulidad, en un intento por describir cómo había sido la vida de un ser humano, que con tan solo 24 años de edad había influido tanto en un sociedad; no solo dentro, sino fuera del terreno de juego.

Mucho ha pasado desde ese domingo 25 de septiembre. Los Marlins comenzaron con buen pie la campaña sin su as en la loma, pero con su número 16 implantado sobre el corazón de todos los que visten el uniforme del equipo.

Jeffrey Loria, dueño de los Marlins (por ahora), ha indicado en múltiples ocasiones lo afectado que está por la muerte de alguien que consideraba un hijo. Desde el primer momento se supieron las intenciones de retirar el número del nacido en Santa Clara para que nadie más lo utilizara dentro del equipo. También se le homenajeó dándole su nombre a una calle del Sur de Florida.

Lo que hizo José es digno de recordar, ejemplificando al nombre de Miami a la perfección, incluso hasta demasiado; tanto en lo bueno como en lo malo.

Pero no podemos voltear a otro lado cuando salen a la luz pública los hechos negativos de este incidente. Como todos, José fue humano, pero también hay que reconocer que se equivocó a la hora de tomar ciertas decisiones, una en particular que no sólo le quitó la vida a él, sino a Jesús Macías y Eduardo Rivero, quienes lo acompañaban esa noche en el bote.

No hace falta repetir en detalle los resultados de las investigaciones, pero sí es un factor importante que el miembro de los Marlins iba manejando el vehículo bajo influencias de sustancias no naturales.

Loria dijo que se le construirá una estatua de 9-10 pies fuera del Marlins Park. ¿Por qué no de tamaño natural?, pues porque José era más grande que la propia vida, según el dueño de Miami.

Vamos a acortar el camino; no estoy de acuerdo con el monumento. Entiendo el legado de Fernández, pero también reconozco el punto de vista de las madres de las víctimas tanto de este caso, como las que también han sufrido por la mala toma de decisiones de algunos.

Pero si tomamos lo hecho en el terreno, tampoco es suficiente para homenajearlo con un monumento de este estilo. Por más bueno que haya sido en el montículo, José lanzó en total 76 juegos en las Mayores, en tres temporadas completas. No es suficiente.

Hagamos este ejercicio. De dicho accidente sólo cambiemos el hecho de que José falleció, y pudo sobrevivir al impacto. ¿Qué hubiese sucedido entonces? Probablemente estaría suspendido por una buena cantidad de tiempo por el comisionado de la MLB Rob Manfred, poniendo en riesgo su carrera, por no decir que tal vez estaría enfrentando cargos criminales, y luchando para no acabar tras las rejas. Si ese fuera el caso, ¿los que hoy apoyan ese monumento, estarían respaldando al cubano?

No está escrito un estándar para la realización de una estatua en el deporte, pero no creo que José Fernández haya estado al nivel de Roberto Clemente, Hank Aaron, Juan Marichal, Willie Mays o Ted Williams, por nombrar a algunos que tienen este tipo de homenajes.

Me parece que el hecho de haber puesto el nombre José Fernández nuevamente en una disputa como esta era absolutamente innecesario. Ha llegado el momento de dejar descansar cubano y que su legado en la comunidad hable por sí sola, sin necesidad de que una estatua la certifique.

Comienza el sueño de los Marlins

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Cortesía Instagram @Marlins

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Arranca una nueva temporada regular del deporte más impredecible del mundo, factor que resta importancia a cualquier cosa que intente predecir alguno que crea tener algún conocimiento por la pelota.

Pero aunque la predicción se ha vuelto un arte vacío en el béisbol, es necesario al menos analizar los elementos con los que cuenta un equipo previo al comienzo de la campaña regular.

Aquí, gústele a quien le guste, tenemos a los Marlins. Un equipo con una historia extraña, en la que abundan las derrotas, pero que en sus postes de luz cuelgan dos banderines de Serie Mundial (el porcentaje histórico es de .469, con record de 1793-2026).

La realidad es que los dirigidos por Don Mattingly comienzan el 2017 con la segunda racha más larga en las Mayores sin alcanzar la postemporada, detrás de los Marineros de Seattle, sin haberlo conseguido desde el 2003.

Los Marlins lucen como un equipo balanceado, pero que tal vez (en el béisbol siempre hay que cuidarse con expresiones como “tal vez”) su destino se vea bloqueado por ubicarse en una de las divisiones que pinta para estar entre las más competitivas.

Los Mets de Nueva York y Nacionales de Washington deben estar en el tope luchando por los primeros puestos, lo que deja a los de Miami compitiendo contra los Bravos de Atlanta y Filis de Filadelfia –quienes comienzan con unas plantillas mejoradas en comparación a años anteriores—y el resto de la liga por un potencial segundo comodín.

Ese es un claro ejemplo de una predicción arriesgada. Pero esa vendría siendo la palabra clave con la que los Marlins deben ser identificados; balance.

Tal vez no tengan a un as en su rotación de abridores, pero cuentan con cinco serpentineros de calidad. Su bullpen, que fácilmente podría convertirse en el fuerte del equipo, no cuenta con los nombres que tienen los Indios de Cleveland, por ejemplo, pero podría ser uno de los más consistentes en toda la gran carpa.

Mientras tanto a la ofensiva sí tienen a un ancla con el bate en Giancarlo Stanton, quien muchos aseguran tener el poder natural más imponente de las Mayores. Cuentan con sólidos exponentes en el plato con Christian Yelich y Martín Prado. Dee Gordon es, restándole su poca capacidad para negociar boletos, el primer bate perfecto. Marcell Ozuna y Justin Bour son un poco menos predecibles, pero podrían ayudar de manera importante a la causa de los peces.

Sin embargo, quien para mí es la clave para el bateo de los Marlins es, no Stanton, Gordon o Yelich, sino J.T. Realmuto, quien demostró en el 2016 ser un bate de calidad, y que si consigue seguir mejorando podría estar entre la élite de los receptores en la Liga Nacional. Además otro aspecto que le caracterizó en la temporada anterior fue el buen manejo de los lanzadores desde la receptoría. Realmuto sacó a un 35% de los jugadores que intentaron robarle alguna base; el promedio de la liga en el 2016 fue de 27%.

Ese es otro aspecto en el que deben valerse para conseguir victorias; la defensa. Cuentan con dos ganadores al Guante de Oro, Dee Gordon y Christian Yelich, a un potencial ganador en el cubano Adeiny Hechavarría, y dos sólidos en su posición como Ozuna y Prado.

Los Marlins deben tener como ejemplo al conjunto de los Medias Blancas del 2005, ese mismo que ganó la Serie Mundial, y que con un juego de “pelota pequeña y agresiva” lograron ese objetivo.  Es difícil, por no decir imposible o incluso iluso, predecir que este equipo puede lograr algo similar a ese de Chicago, pero al final de todo, el béisbol es el deporte más impredecible que se juega sobre la faz de la tierra. Como dicen por ahí; soñar es gratis.